Qué quieres que te escriba,
hija mía,
De tu vida y de la mía.
Contarla como cuento,
Y que parezca mentira.

Tan difícil se enfrenta,
Que apenas entiendo,
Como puedes tener 25,
Y yo cincuenta,
El tiempo nos fue midiendo.

Se suman fácil,
Tres cuartos de siglo,
De vidas vividas,
Bien vividas, mal vividas
A fin de cuentas, vidas.

No morí, no moriste,
Ni chiquitos ni grandes,
Pues estaba escrito,
Que debía contarte.

Naciste un día de guerra,
Y no me viste.
Lo supe un día de guerra,
Y no te vi.
Corrí a ti, dejando batalla,
Y supe así, que eras hija,
Entonces, reí feliz.

Qué quieres que te cuente,
Si de ti no vi,
Lo que creció cada día,
Por no estar cerca de ti.

La distancia fue tanta,
Que leía tus letras,
En cartitas escuetas,
Que me hablaban así.

Siempre iluminaba tu mente,
Un horizonte incierto,
Que con el pasar del tiempo,
Asintió queriendo,
Lo que quería de ti.

Llegamos en impar año,
A 25 y 50 existiendo,
Y nos juntamos y distanciamos,
Buscando acercarnos.

Con un te quiero, expresarte,
Como padre a hija,
Sumando fechas, restando años,
Triunfarán esos días.

Yo en mi avanzada existencia,
Tú en la flor de la vida,
Juro que Dios ha de darte,
Toda mi alegría.

Así pasaron los días,
Así esperamos los años,
Esperando el momento,
Ese que soñamos.
Dios no nos mentía.

(A mi hija Glenda Alexandra, en su 25 cumpleaños. Nueve de Agosto 2011) Phoenix, Arizona

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