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Paul Emigdio Suárez García
“Sobras de PES”

Resulta que mi boleto de viaje era para –de Grecia llegar a Israel— y esperar 20 horas para retomar vuelo a Atlanta y luego a Managua.

Tal como temía, llegué a las 3:30am del Martes 09 de enero, me retuvieron por una hora y media, y la multitud de pregunta del porqué regresaba a Israel y no me había ido por Atenas para mi país.

Por más que explique que el boleto era más caro y compré un boleto Managua – Tel Aviv– Managua y otro Tel Aviv- Grecia -Tel Aviv, insistieron en lo inverosímil- dónde había ido en Grecia, con quién estuve, su nombre, qué hablé con esa y otras personas-.

No querían entender que retornaba por mi vuelo, – y las preguntas sumaron el a qué llegué a Israel la primera vez, qué me habían dicho, qué curso era, y no salían de cuestionar mi presencia en Israel para tomar un vuelo. El aeropuerto de Tel Aviv no es para tránsitos, -me di cuenta tarde-.

Luego de mil y una preguntas, mil y una consulta, fraseaban en hebreo, en inglés, medio español, carreras, el pasaporte para un lado y para otro, media madrugada, y al fin un “me dejaron entrar” y a tomar mi equipaje.

Espere 18 horas en unos asientos y espacios cortos de la terminal aérea, porque no se manifiestan maletas, sino hasta tres horas antes del vuelo.

Ya veía venir todo, y a “cienes” pasar apuros explicando su presencia en Tierra Santa, pero creía todo me iría mejor.

!Llegó la hora! Pasar la inspección y comenzó el rosario de preguntas, la insistencia de dónde fui durante el curso -al qiue como pe-riodista fui invitado- y becado por la cancillería israelí; proseguían quién me había propuesto para tal seminario, y porqué yo y no otra persona; y -colmo de males-, pasaban un trapito en mis maletas -algo olía a mal— llevaba mi cámara de video, la de fotos, mi memory, con todas las fotos incluidas, hasta las del escape a Belén para ver el sitio de la Natividad.

Alambres para cargar video equipos, más el celular, resultó todo sospechoso. Dos horas y media duraron una retención humillante. Preguntas, pasadas de lanillas y a la máquina, revisaron ropa una a una, costura a costura, — sacaron y escanearon todos papeles del curso— el diploma y Mashav como que les valía nada-. Les valió nada. No valió para nada.

Luego me detuvieron las tres maletas, volvían las pruebas, pasaban las cosas de una caja a otra, mi cámara de video llevaba un área plástica quebrada, -entonces otra trama- perfecto para interpretar una maliciosa alteración del equipo. Los cables de cargar daban -no se que cosa- todo sospechoso-, nada se podía probar porque los enchufes occidentales no son los israelíes.

A un cuarto solo, sin zapatos, faja, suéter, abrigo, revisión por todos lados con un aparato electrónico, encerrado, descalzo, se llevaron todo-, seguían las preguntas, pasaron sus pruebas jabones, pasta de dientes, perfume, pañuelos, souvenires-, ¡Sospechoso en Tierra Santa!

La suerte-, no vieron la tarjeta entrgada por un diputado de Al Fatah-, UGGGHHHH, mientras el memory cargaba un llavero de Cristo, comprado en Jerusalén. Creyeron era algo religioso-, no vieron las fotos, me salve porque hubieran visto Belén y retratos con banderas palestinas y autoridades policiales de la cuna de Jesús. Otros folletos ya habrían quedado por precaución en Grecia, cómo que olía lo que podía pasar.

Luego de casi tres horas, dijeron que mi boleto estaba sin validez, que la línea Delta decía que no tenía cupo, mientras me revisaban de pie a cabeza, manos alzadas, revisión a cada hueso y parte del cuerpo, buscando quizá si andaba bombas en los pellejos-. Pasaron un aparato electrónico hasta por los genitales, humillante todo.

Al final logré me soltaran, pero me obligaron a poner cables y cámaras por separado, en los sitios que me indicaron, un cable para cargar la video cámara lo pusieron en una caja de seguridad y la entregaron al avión ellos mismos, a mí me llevaron por una puerta especial y me dejaron en la puerta hacia el “check point” migratorio y luego al avión—- el muy “diligente” de la seguridad, todavía me invitó a que fuera al área de tiendas libres, para que comprara algo mientras salía un vuelo del que faltaban minutos para salir de la Tierra Santa preguntándome ¿de qué era sospechoso?

¡Que día, más bien, que noche!, 20 horas en el infierno -mero infierno-. Pero a como dicen por aquí—- DESPUES DE UN GUSTAZO, UN TRANCAZO-.

Un día antes del referido viaje a Belén (en territorio palestino), había estado en el Santo Sepulcro, orando y pidiendo perdón, con el llanto suelto. Tuve entonces un sueño, eran dos “chalecos antibalas”, recuerdo que me los buscaba mientras avanzaba a Belén.

Supe después, que un aviso de Jesús me pondría a salvo en dos momentos, al entrar y salir de Belén y al entrar y salir de Tel Aviv. También supe que a eso la Biblia le llama la “Coraza de la Fe” y Dios me la puso cuando resulté “sospechoso en Tierra Santa”.

http://www.grupoese.com.ni/2007/enero/15/sobras.htm

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