Etiquetas

, , , , ,

20111012-112731.jpg

Paúl Emigdio Suárez García
“Sobras de PES”

(Publicado el 21 de Noviembre de 2006)

Cuando se hablaba de “debilidad ideológica” en los años 80’s, era precisamente ante el temor de no fortalecer los principios y valores de un sandinismo que o “se fortalecía o sucumbía”.

Fortalecerse significaría haber avanzado con la Revolución Popular Sandinista hasta el fin de nuestras existencias, con relevos modernizados, pero sucumbir era precisamente el peligro ante el desgranamiento de los que debieron llevar el impacto de la Revolución al beneficio que hoy, con lucha electoral, se pretende rehacer.

Debilidad es no funcionar con el vigor requerido, es no apropiarse de ideales que merecen ser cultivados y cosechados en culturales labores diarias, para ejercer con propiedad la autoridad de llevar adelante el porqué de la aparición del ser revolucionario y sandinista.

La carencia de ánimo en las ideas precisará dos cosas, o no están con ellas o tienen otras que no coinciden con las convenidas por la organización, de hecho llevadas con gran iniciativa, versatilidad, por los diversos sectores e intereses que la componen.

Si “perder las cadenas” es lo único que que-daba a los explotados obreros, qué perdería quien llegó por estos lares a ser profesional o logró poner una pana de mercado que le da de comer? ¿Se debilita su ser revolucionario lleno de egoísmo y la diversión de ideas para evitar o creer que le van a quitar lo logrado?

Parece que esto no es así por cuanto la idea de la Revolución siempre fue la de la igualdad, y si esta era en el plano de la equidad social, pues lógicamente trataba y tratará de que la igualdad se alcance con el esfuerzo de todos, no quitando sino aportando para que los demás logren lo que no han podido por falta de oportunidades, sea educativa, cultural, económica o simplemente porque la torpeza lo mantiene en la “sin remedio”.

Es innegable que las grandes mayorías de los pasados a las filas, que no son las de la revolución, tengan una preparación académica, una mejoría económica, será por su suerte, por su esfuerzo, por ayuda de alguien, pero plata en mano, la envidia y el egoísmo llevan a apartarse y contraponer lo hecho, con un ‘no quiero que me controlen’, debo ser libre, hay que ser libre de ideas.

Eso esconde “algo”, porque “independientes” no existen, sino recuerden porqué somos independientes de España, porque no queremos ser españoles, ni ellos nos toleran ni creo lo hagamos nosotros mas que por referencia histórica.

La debilidad ideológica es una expresión, de que se rompió la cadena y que no se pertenece más a la corriente de la cual procede. Tiene más valor quien defiende el capital porque es capitalista, como el que defiende al burgués porque es burgués. Más no tiene valor el que diga que es revolucionario si no defiende la revolución, ni sus organizaciones revolucionarias, ni a sus dirigentes, cuando de sobra se sabe que es meta de los enemigos de una organización, destruirla mediante la diversión, diversionismo (que no es más que distraer).

Y de qué revolución hablamos. Pues de la que hizo el sandinismo,. No el anti-sandinismo. Quién sino el Frente Sandinista es el que mantiene en su poder esa ideología, porque el PLC no la debe, ni el MRS la merece.

Que si Daniel Ortega tiene en su poder el sandinismo o el partido, pues de lo contrario lo tendrían los gringos, porque de los jefes del otrora defensor de la soberanía nacional, “Ejército Popular Sandinista”, Humberto es magnate; Joaquín, burgués de cepa; Carrión, una callada opción. Dónde anda una importante cantidad de “comandantes guerrilleros”, en las guerrillas del dinero, ONGs, antidanielismo, con la derecha que azuza sus ideológicas debilidades, y lo peor, en desvencijadas necesidades de no ser revolucionario.

Otros tantos emigraron buscando dinero para su vida, más encontraron asidero en que la pobreza de su natal y revolucionario proceder, no era más que ‘ juntarse con la chusma”, porque Nicaragua no sale de eso, de ser una fábrica de chusmatización de la población, que no cesa por la “debilidad ideológica” de que el capital priva sobre la ignorancia.

Perfectamente se recuerda cuando poder en mano, algunos de los que hoy critican la fortaleza partidaria, atropellaron, se lucraron, se endiosaron, se creyeron tener la “bola mágica” en sus manos, generando como resultado las frustraciones de no poder en medio del “no hay cama pa’ tanta gente”, hacer suyas las debilidades ideológicas y reproducirlas como gérmenes entre los demás. Muchos cayeron en la trampa y se confundieron y quizá no saben ni para qué era la Revolución.

No es paradoja que las grandes mayoría que siguen tras la pista de Daniel, sea gente pobre, aquellas no infectadas con la profesionalización, con las necesidades resueltas, con su dignidad pura, con sus deseos ardientes de superar con toda la gente, esta Nación.

La debilidad ideológica da como resultado: Ver lo actuado como malo. Ver en los líderes al enemigo. Tomar la independencia como la opción para el diversionismo. La oportunidad para “limpiar su nombre” porque les avergüenza su pasado como aprendiz de revolucionarios y sandinistas. La opción de no votar en cascada porque quieren un partido repartido, más bien destruido. Destruir la unidad partidaria es el mejor diversionismo, más en las democráticas e hipócritas decisiones del sufragio, donde el voto es “oculto”, seguramente de los intereses de las mayorías, pero revelan el naufragio que pretenden del partido originario.

No es más de lo mismo. Ni un recuerdo al unísono del mutismo. La “debilidad ideológica” es el arma más adecuada para vencer el optimismo, que el Sandinismo, pueda demostrar que puede resolver el problema, generado por el neoliberal capitalismo.

Son de moral perdida, quieren ocultar con la mentira, cambio de ideología. Se auto llaman de honestidad, ciegos, que “error” no pudieron ver, lo que hoy denuncian con hiel.

Una pléyade de “ex”, pretendiendo ser y que ya no son, ni guerrilleros ni comandantes de la revolución. Pero comieron con miel de ministros, viceministros, hasta yacer educación gratuita, viajes y condoler, que conocimiento revolvió sus sienes, no para conocer, sino ingrato devolver, por agradecimiento ignominioso y traidor proceder.

Aburguesar pensamientos hace revolucionarios sin sentimiento, es decir un ‘ya no revolucionario’, que no piensa más que en el dinero y su ambición, que siempre ante el pobre, suena a traición.

Más fácil tratar de lavar cara poniendo culpa en pilares de un partido, el que abandonaron creyendo barco en pique, pero no hay alma ni razón que los reivindique.

Los débiles ideológicos son “cacharros” para impedir el triunfo de un Daniel al frente del sandinismo, permitiendo que ganen los “independientes” que siempre defendieron y aplaudieron el imperialismo. Debilidad ideológica culmina en traición. Pero por algo y para eso, existe la reconciliación, de cuenta nueva y un “borrón”.

De liberales no se puede expresar debilidad, porque más que ideologías hay logias, que pugnan por dineros y no por principios.

Periodista

Anuncios