… Fui a ver el Mar, pero el no me vio a mí, simplemente mostró sus olas, su arena mojada, su sonrojo atardecido. Le dije hola, y me contestó como látigo reventando sus aguas.  Y se acercó y se alejo. Nunca eran las mismas aguas, que iban transitando en su marea. Su salado viento murmuró a mi oído,  marinando mis sentidos. Mas yo me alejé pensando en su inmensidad, y mi diminuto mundo de un cuerpo raído… Alegre exclamé “la mare nostrum”… (Sobras de PES)

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